Overlanding en Pareja: ¿Cómo no divorciarse en la ruta?

Estábamos en los Andes, a 4,000 metros de altura. El camino se estrechaba y yo, al volante, estaba estresado. Mi pareja intentaba ayudarme con el mapa, pero sus instrucciones eran vagas. "Gira ahí", decía ella. "¿Dónde es AHÍ?", gritaba yo. Terminamos gritándonos mientras el radiador humeaba.

Ese día aprendimos que un vehículo de 5 metros cuadrados no tiene espacio para dos egos. El error fue no tener un protocolo de comunicación. En el overlanding, los roles deben ser sagrados: el conductor obedece al spotter (el que guía desde fuera) sin rechistar, y el navegante tiene la última palabra sobre la ruta.

La regla de oro: Si hay tensión, detén el vehículo. Nadie toma buenas decisiones con hambre, sueño o ganas de pelear. La comunicación clara (usando señas pre-acordadas) salva matrimonios y parachoques.