Recuerdo perfectamente esa tarde en el desierto de la Tatacoa. Había pasado meses preparando mi vehículo, instalando luces que podían verse desde el espacio y organizando mis cajas con una precisión quirúrgica. Mi error no fue técnico, fue psicológico: subestimé el silencio.
A las 2:00 AM, sentado dentro de mi cabina, cada crujido del metal enfriándose me sonaba a pasos humanos. Mi imaginación volaba hacia leyendas locales y películas de terror. Estaba tan asustado que dormí con las llaves en la mano, listo para arrancar y huir. Esa noche comprendí que el overlanding en solitario es 10% equipo y 90% gestión del miedo.
La Autenticidad del Riesgo
Cuando viajas solo, tú eres el mecánico, el cocinero, el médico y el navegante. Si te equivocas al bajar una pendiente y entierras el eje, no hay nadie para darte un tirón. Aprendí que la seguridad en solitario comienza con la **redundancia**. No basta con tener un GPS; necesitas un comunicador satelital (tipo Garmin InReach) que permita enviar un SOS aunque no haya una torre de celular en 200 kilómetros.